Martin Mazora, Marx discípulo de Engels. Una nueva lectura de la génesis del marxismo, UNSAM, 2017, 164 pp.

Agustín Santella

Jean Paul Sartre aseveró a mitad del siglo XX que “el marxismo es la filosofía de nuestro tiempo”. Este todavía ocupa un lugar destacado. Así, por ejemplo, si hoy  “googleamos” a Friedrich Engels tiene 2.810.000 entradas, aunque menos que las 15.500.000 de Karl Marx. Una línea histórica obtenida en Google Ngram puede mostrarnos que Karl Marx aparece en los libros en su pico en los años 1970-1980, dependiendo del país (en francés fue en los 1940). No obstante, los niveles de las menciones se mantienen en valores no menores a los 1930. En idioma español “Karl Marx” se encontraba aún en 2008 en los mayores niveles históricos, remontando los 1980, no así Federico Engels. De este modo, Marx siempre es citado o nombrado el doble de veces que Engels.
Ciertamente, esta teoría tiene una historia que se remonta al siglo XIX. ¿Cómo surgió? ¿Cómo fueron construidos sus conceptos? Si bien sus creadores fueron tanto Federico Engels como Karl Marx, hemos asociado la teoría con el nombre de este último.
El libro de Martín Mazora presenta un sostenido argumento basado en una minuciosa investigación. Su tesis central es la siguiente: mientras que en la historia oficial del marxismo Engels ha sido puesto en el papel de acompañante secundario de Marx, en realidad fue Engels quien primero señaló lo fundamental del programa de investigación marxista. Estos aportes se encuentran en el Esbozo de la crítica de la economía política, que Engels escribió en 1843 y publicó en 1844 en el Anuario Franco Alemán en París, y en La condición de la clase obrera en Inglaterra, de 1845. El Esbozo… se adelantaría a Marx en los siguientes puntos fundamentales: 1) presenta la crítica interna dialéctica de las relaciones sociales capitalistas, no como imposición de valores morales externos, sino como proceso de antagonismos objetivos; 2) usa la dialéctica hegeliana para tal propósito; 3) introduce el estudio empírico de los fenómenos económicos; 4) lo hace desde una concepción materialista de la historia. No es que Marx “llegue” al mismo resultado, dice Mazora, sino que Engels le mostró este camino, por el cual Marx optó luego de descartar el anterior camino de tipo Feuerbachiano. Incluso “La ideología alemana”, en rigor de autoría de Marx a pesar de que Engels lo firmara, se dedicó a la crítica política desde una base humanista idealista, que veía a la economía y la política como formas de enajenación de una esencia humana no históricamente social. Esto mostraría que Marx tardó un año más, por lo menos, en adoptar lo fundamental del método “marxista”.
Los historiadores del marxismo usualmente habrían negado la importancia de la anticipación de Engels a Marx. La responsabilidad por esta interpretación recae en el mismo Marx, cuando afirma que “Engels había llegado por otro camino - comparad su La situación de la clase obrera en Inglaterra - al mismo resultado que yo”. Engels habría alimentado esta versión, para reforzar la autoridad política de Marx.
Este error es congruente, dice el autor, con una epistemología objetivista de la ciencia según la cual los conocimientos nuevos reflejan realidades nuevas, más que construcciones de la realidad. Con esta afirmación, Mazora se plantea una explicación de un “hecho” intelectual que describió anteriormente con minucia. Este momento explicativo permite una discusión crítica de la historia de la ciencia. De hecho, el autor se propone lograr una “lectura no marxista de la génesis del marxismo”. Dedica la segunda parte del libro a este propósito. Es entendible, sostiene, que el movimiento socialista y comunista haya erigido a Marx como el padre de la doctrina, e incluso que Engels en vida accediera a cumplir un papel secundario y alimentara esta narración. Pero ¿cómo explicar que el mismo Marx se arrogara tal papel? Más allá de explicaciones psicologistas relativas a egos o entidades parecidas, Mazora sitúa el punto en la epistemología de la historia de la ciencia. “Tales juicios no son ajenos al modo en que la epistemología marxista concibe la naturaleza del conocimiento científico” (p. 12).
Mazora refiere aquí la presencia de una epistemología positivista en el mismo marxismo, que le impedía ver el carácter constructivo de la teoría y, por tanto, de su misma teoría. Se trata de una tesis polémica pero fructífera para agitar el adormecido avispero de la historia de la izquierda. Por motivos políticos, la historia fina de las ideas marxistas o de izquierda interesan a estos mismos marxistas. Pero actúa aquí una suerte de obstáculo epistemológico que limita una comprensión (“autoconciencia”) crítica de su propia formación histórica. El libro de Mazora puede considerarse un aporte para esta comprensión. Su invocación “no marxista” no debería asustar a los marxistas. Por el contrario, es pasible de ser leída y recuperada creativamente para una historia crítica.
Al decir epistemología positivista Mazora entiende un procedimiento de conocimiento por el cual la teoría surge con el descubrimiento de hechos. En otras palabras, primero están los hechos, y le siguen las teorías. Mazora propone otro proceso de conocimiento, a partir de la “epistemología contemporánea”. Teorías y hechos se necesitan mutuamente para la explicación de procesos reales. No hay primacía de los hechos por fuera de la construcción de la teoría. Entonces lo que propone Mazora, siguiendo algunos trabajos clásicos, es una secuencia de construcción teórica donde Engels propone la teoría que permitirá dar cuenta de hechos nuevos (la economía o anatomía de la sociedad civil) a través de su Esbozo de 1843, luego retomado por Marx cuando realice su crítica de la filosofía idealista y la economía política.
La epistemología contemporánea usada por Mazora es aquella de la historia de la ciencia y de los “programas de investigación”, de Kuhn y Lakatos. Así podríamos entender el marxismo como un programa de investigación, con una dinámica histórica. Es interesante notar que la misma orientación había tomado Michael Burawoy a principios de los 1980 en su formulación del desarrollo del marxismo en el siglo XX, a propósito de la novedad de la tesis de León Trotsky en el marxismo. Del mismo modo que en Burawoy, las tesis de Mazora no deben considerarse “antimarxistas”, sino más bien como un enriquecimiento necesario para una reflexión histórica realista, así como un método que permite abrir el marxismo a la filosofía y la ciencia social contemporánea. Por supuesto que la epistemología marxiana o marxista ha avanzado mucho desde algunas formulaciones pseudo-dialécticas (aunque en realidad positivistas). Tan solo piénsese en la fase de Lenin en Materialismo y empiriocriticismo como ejemplo de positivismo, luego superada, por supuesto, por su fase como lector de la Lógica de Hegel. Si este positivismo fue replicado por Lenin, ¡qué pensar de discípulos de talla indiscutiblemente menor, desde entonces hasta el presente! Una historia realista del marxismo necesita desplazarse de su reproducción autónoma identitaria para situarse como fenómeno relacional dialéctico, como conjunto histórico de contradicciones abiertas. La lectura de Mazora es útil para este propósito.
El libro tiene además otros momentos destacables. Expone una reconstrucción sintética detallada de los estudios sobre la historia de la formación del marxismo, junto con un análisis no menos pormenorizado de la “dialéctica interna” en el Esbozo de Engels. En este último aspecto, provee un ejercicio sistemático de dialéctica hegeliana aplicada.

Este año se estrenó la película La juventud de Marx y Engels. Después de leer el libro de Mazora, fácilmente el lector es llevado a cambiar el título por La juventud de Engels y Marx.

 


Unsam Edita. Editorial de la universidad Nacional de San Martín.
MARX DISCÍPULO DE ENGELS. Una nueva lectura de la génesis del marxismo.