Cómo no traducir a Marx

Friedrich Engels

En un artículo publicado en 1960, George Steiner escribió que, si quisiéramos saber cuán concienzudo era Walter Scott como artista, lo mejor que podríamos hacer es “leer un libro escrito en Moscú por un crítico húngaro”; y podríamos resaltar aún más el cosmopolitismo atribuido por Steiner a György Lukács diciendo que el libro al que se hace referencia –La novela histórica– además fue escrito en lengua alemana. El comentario del crítico franco-estadounidense apunta a destacar la aversión lukácsiana hacia el provincialismo; busca encarecer la capacidad del filósofo húngaro para moverse más allá de todas las fronteras nacionales desde una perspectiva (para emplear uno de los términos predilectos de Steiner) genuinamente extraterritorial. Estas cualidades pueden atribuirse a algunos de los exponentes más destacados del marxismo centroeuropeo, incluyendo en primera línea a los propios fundadores de esa tradición. En todos ellos, el internacionalismo cultural y político iba de la mano de un apasionado y, a la vez, escrupuloso interés por las lenguas y por el lenguaje. La versación lingüística del autor de El capital es proverbial; el líder y teórico anarquista Anselmo Lorenzo (1841-1914), a propósito de una visita a la casa de Marx en Londres, expone su asombro ante el erudición que el filósofo alemán poseía sobre la literatura española, “que conocía detallada y profundamente, causándome asombro todo lo que dijo de nuestro teatro antiguo cuya historia, vicisitudes y progresos dominaba perfectamente”.

 

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